viernes, 27 de octubre de 2017

Rosa y la mirada de los otros









ROSA Y LA MIRADA DE LOS OTROS



A rosa la tenia vista de mucho antes, siempre la cruzaba en el colectivo cuando iba de camino a la facultad. Era imposible no reparar en su guaraní belleza. Flaca alta, pelo largo enrulado. Con una ambo apretado y una cola maravillosa. Ella nunca se fijo en mí.
Hasta el día en que me empezó mi rotación en el hospital y se dio cuenta que soy médico.
Era enfermera, no se en que sector trabajaba, siempre la veía dando vueltas para todos lados. Un atardecer de mi primer semana, se acerco a terapia intensiva y me conto que tiene dos hijos pequeños de 5 y 3 años, que vive con su marido en el barrio de lanus pero en realidad están separados hace dos años y casi ni se hablan. Me pareció demasiada información innecesaria , me esmere en demostrarle que estaba ocupado y que tenía cosas que hacer, luego dijo algo que hizo abrir mis ojos con lujuriosa  sorpresa: soy ninfómana.
En la sala de residentes cuando los jefes se fueron, vino y me hizo un pete. Tenía una habilidad mediana para las artes venusianas pero admire su dedicación. Me hizo prometerle discreción, nadie sabía de su condición, nunca había salido con nadie del hospital- dijo. Mucho no le creí. Quedamos en vernos afuera del hospital esa misma noche.
Llévame a un motel en donde hayan muchos espejos. Le encantaba que la garche, pero lo que más le excitaba no era verse en el espejo sino que yo la viera reflejada mientras la poseía brutalmente.


Mi relación con Paula prosperaba y no aguantaba más la situación necesitaba una salida y se lo dije. No me importa que le muestres nuestros videos a Paula, le voy a contar que anduvimos juntos yo mismo, ya no quiero verte nunca más. Necesito que me dejes en paz.  Rosa planteo una tregua, pero tenía que cumplirle una última fantasía, la más arriesgada de todas. Había descubierto que en la oficina del director detrás del escritorio había un enorme espejo. Quiero que me lo hagas por última vez. Ella se encargo de conseguir la llave y averiguar los horarios más convenientes para hacerlo. Al medio día el director se va a comer.
Aunque era lo que deseaba nunca hubiera pensado que esa iba a ser la última vez que la vería en mi vida.
Entramos a la oficina a las 14 15 hs, efectivamente el espejo era gigante. Ella pretendía que le diera la garchaba más feroz de toda su existencia, yo tenía otra cosa en mente. Así que hice lo absolutamente necesario para asegurarme que no me requiera como amante nunca más. La garche  de lo más rápido y acabe lo más pronto posible dejándola insatisfecha. Fue… dije y me subí los pantalones. No- dijo enfurecida- no podes dejarme así.  Cojeme bien o empiezo a gritar no me importa nada. Hace lo que quieras, lo nuestro se terminó acéptalo, dije y me fui camino a la puerta.
Pero me di media vuelta y volví cuando escuche que se había puesto a llorar desconsoladamente.
Te prometo que voy a buscar ayuda psicológica, que te voy a dejar en paz pero no me dejes así con el orgasmo a la mitad dijo lagrimeando. Me senté a su lado en la silla del director y mirándola con pena le agarre una mano y le seque las lágrimas de su mejilla tiernamente con la poronga. Se sentó en el escritorio y mirándose al espejo se masturbo  teniéndome como  fiel testigo del evento.

No sé si fue algo casual o  una venganza premeditada de Rosa. Algo sucedió allí que me entere después, un evento cuasi - catastrófico para mi carrera  y que a ella la  genero demasiada exitacion.  Habíamos tenido un espectador inesperado, el director del hospital estuvo todo el tiempo encerrado en el baño mirando por la rendija de la puerta observándonos.
Según me conto Paula tiempo después Rosa paso a ser el amante fetiche del director, mucha gente los había pescado “in fraganti” cometiendo actos sexuales por todo el hospital.
Por mi parte el director firmo mi libreta amarilla de rotaciones (aun cuando no había terminado las 32 semanas de rotación)  y me hecho,  prohibiéndome la entrada para siempre al Hospital, Bajo la condición de que nunca habrá la boca o me haría un sumario mediante el cual no pueda nunca más ejercer la medicina.

Esa fue la última vez que pise el hospital Fernandez