viernes, 13 de febrero de 2015

Micropunto

El amor es lo único que crece cuando se comparte



Era una mañanita calurosa o un mediodía caluroso, en la cancha de once estaban jugando futbol. Prepare unos matecitos. Leí la nota que la revista soy rock  hizo a Ricardo iorio mientras preparaba unas tostadas. El perro sintió mis movimientos y empezó a hacerse notar. En el noticiero anunciaban lluvia para la noche. Estuve largo rato mirando por la ventana pensando que planes hacer a la noche, podía llamar a alguna prostituta o a alguna mina. Pero si invitaba a una mina tenía que cocinar algo y seguramente tomaríamos algunos vinos. Mañana tendria que ir a trabajar, llamar a una prostituta me pareció buena idea

Salí a pasear el perro como siempre, fue un poco extraño porque tardo mucho en dar su primer meada, cosa que generalmente hacia al primer arbusto. Me suponía que iba a ser un día atípico. En la esquina mientras el perro olía un poste de luz, doblo una mujer escultural que de súbito me saco de la mediocridad de la existencia, en la que me veía envuelto. Llevaba un vestido de encaje rojo, ray-bans plateados, sus tacones de 15 centímetros cortaban el silencio como fetas de jamón. Evidentemente salía de alguna fiesta o iba a una, no parecía para nada vulgar. Mientras con una mano sostenía la correa del perro que me tironeaba para avanzar con la otra saque un cigarrillo de la riñonera. Ya lo sé, la riñonera es de incogible pero estaba vestido como me caí de la cama, con short de futbol y una remera blanca de John Mellencamp. La riñonera era vital para llevar las llaves de mi casa, el celular, los auriculares y los cigarrillos. Puse un Phillips (común, no esa mariconada de mentolados) en mi boca y ella se acerco hasta mi, saco un encendedor su cartera me convido fuego y se alejo. Ni una palabra salió de mi boquiabierta boca, aunque busque algo para decir en lo recóndito de mi memoria, no se me ocurrió ni un simple: gracias.  Su belleza me dejo anonadado, sensación extraña que solo una vez había experimentado. El mismo vacio de palabras me sorprendió el verano de 2006 en Mar del Plata a orillas del atlántico una noche de desfile, cuando tuve a escasos tres metros a la diosa Pampita.
Quede es ese estado, unos segundos de vacío,  en completa contemplación de su retirarse. Sabía que algo extraño estaba sucediendo pero aun no lo comprendía bien. Al compás del meneo de sus caderas se alejaba una oportunidad, sentí un escalofrió recorrer mi cuerpo. Antes de llegar a la esquina giro y me echo una última mirada por arriba de los anteojos. En ese instante que vi sus ficticios ojos verdes me di cuenta, era Eugenia Zicavo. El perro tiro de la correa con fuerza, pise el sorete recién cagado con mis ojotas resbale y caí. ¿Pero que hacía a pocas cuadras de mi casa? ¿De donde venia? ¿A donde iba? ¿Por qué caminaba sola por las calles del conurbano? Seguramente saldría de alguna fiesta o algo, pero ¿de dónde?

Me levante del suelo y corrí en chancletas con el perro hasta la esquina, no pude seguirle el rastro, había desaparecido. En cigarrillo se iba consumiendo lentamente en mi boca. Mi mente continuaba buscando alguna frase para decirle en compensación por su gesto, una frase ingeniosa, amable, sugerente que haga entrar a la mujer hermosa en una charla y así poder conquistar su corazón. Ninguna frase vino a mi conciencia pero otra cosa sí. Tuve una revelación: En mi billetera llevaba un micropunto que guardaba de la Creamfields pasada.

Siempre fui un convencido de que no se puede vivir en una sanguchera de vidrio protegida entre algodones y no expuesta a ninguna experiencia. No tenía que trabajar hasta mañana y el día recién comenzaba. No dude, saque el micropunto del bolsillito pequeño de la billetera y me lo mande.  Tenía 30 minutos aproximadamente hasta que empiece a hacer efecto, aproveche para darle de comer a los perros. Balanceado para Felipe y otro plato para Laika. Saque lechuga de la heladera y corte unos tomates en rodajitas busque a las tortugas (tengo dos) y les serví. Me quede un rato observando cómo masticaban, siempre me causo especial admiración sus lengüitas que tanto aspecto humano tienen (quizás el único rasgo humano de las tortugas) Puse girasol en un tarrito y lo metí en la jaula de Flaubert (mi loro paraguayo) Tenia que asegurarme que nada cerca mío perturbe mi calma. Agarre todos los cuchillos de la casa y los metí en un cofre que cerré con candado, por si me pinta la paranoia suicida.

Trabe las puertas con llave y me encerré en la casa. Puse “endless river” el último disco de Pink Floyd a sonar. Baje las persianas, me recosté en el sillón esperando el temblor del mambo mágico y su experiencia alucinógena.
Entonces recordé, mañana el Doctor Longo (abogado) me pasaría a buscar a las 8 am para ir hasta Grand Bourg por un caso de asesinato. Debía ir al estudio a buscar la caratula con las causas y todos los archivos. La puta madre! Afortunadamente el estudio no quedaba muy lejos.  No sabía en qué condiciones me iba a encontrar por las próximas 12 o 16 horas así que fui a buscarlas.
Monte la bicicleta y Salí disparado bordeando hacia general paz hasta la avenida Rivadavia, doble en albariño cruzando la plaza. Entre al estudio, revise los archivos agarre todo lo que podía llegar a servir y lo metí en la mochila. Cerré todo y emprendí el regreso a toda velocidad.
El corazón me latía a mil y no por el esfuerzo. Los autos que cruzaba iban dejado una estela, los arboles que dejaba atrás dejaban otra cortina de humo verde-violaceo. El colectivo 47 también dejaba destellos de colores y su humo no me olía a fastidio, sino que lo considere extrañamente agradable. Debía apresurarme.

Casi llegando a mi casa Eugenia Zicavo cruzo en dirección al sur, me sentí animado. Tenía que dejar los archivos en casa antes de empezar a alucinar pero no quería dejar pasar esta magnífica oportunidad.
Eugenia! Te vi más temprano me diste fuego, quería decirte gracias. Me miro de arriba abajo, ah sos el del perro, Te lastimaste cuando te caíste? Afortunadamente no - Dije
No se sorprendió de que la reconociera. Pregunte a donde iba tan apurada. Me dijo estar perdida y demorada. Tenía una degustación de vinos y otras delicatesen. Me ofrecí guiarla hasta el lugar. Encantada que si, la degustación estará llena de productores, gente de la noche, periodistas y alguna que otra celebridad. Me desvié un poco del camino hacia el lugar para poder pasar por mi casa y dejar la mochila y la bicicleta, al salir me increpo que no podía ir vestido en las condiciones en las que me encontraba. Yo me había ofrecido acompañarla hasta el lugar, ella pretendía que vaya al evento como su acompañante. Una cita al mediodía genial. Entro a casa y le presente mis mascotas, se puso contenta dijo que le encantaban. Sin que le diga nada comprendió que el loro se llama Flaubert por el libro de Barnes. Miro mi anaquel de libros mientras me cambiaba los arapos y me ponía ropa decente, desde el living me conto de la vez que conoció a Kodama. Sentí como un orgasmo recorriéndome el cuerpo, recordé que estaba drogado. No le gusto mi ropa se paro frente al armario y eligió otra vestimenta – tenes un pésimo gusto, increpo. Podía intentar una trapisonda y encamarme con ella en ese mismo instante. Mi instinto animal rugía por hacerlo. Me acorde de Jhon Lennon y Brigite Bardot en Francia y preferí ni intentarlo.

Al entrar al salón del evento dos patovicas inmensos no quisieron dejarme entrar por no estar en la lista anotado. Zicavo llamo a su Cacho el organizador (de la cachofest) y logro hacerme entrar. Unas columnas romanas estaban puestas en la entrada. Tuve otro instante de nirvana cuando Eugenia empezó a presentarme ante la gente – Este es Remy Le Blanc escritor y músico que admiro.
Yo no le había comentado nada a ella. Evidentemente me reconocía. El aire en el ambiente se sentía extraño. Todos los presentes reían tomaban vino y disfrutaban de pequeños manjares. Veni que te presento a Skay  y la negra Poli – este es Remy Le Blanc escritor y músico. Qué raro nunca escuche nada tuyo – dijo Scay. No te digas escritor al menos que seas mejor que Borges – dijo Poli sonriendo.
 Eugenia se disculpó, tenía que ir a prepararse para el desfile. Aproveche para sentarme un poco, tomar un poco de vino y probar los exquisitos manjares. Me llene de queso los bolsillos por si después pintaba el bajon.
Scay se acercó a mi – Disculpa Remy ¿puedo hacerte una pregunta? Si, dije si yo te puedo hacer una pregunta después. Dale, contesto ¿Cuanto crees que vale hoy el disco Double fantasy que Lennon autografió a Chapman horas antes de que este lo asesine? Se vendió por  525.000 dólares de base en una subasta en 2003. Ves Poli – dijo Skay- te dije que seguro Remy sabia. Llego el momento de mi pregunta – ¿cuando vuelven los redondos? Skay cruzo miradas con la negra poli. Deciselo dijo poly – Mañana volvemos.

Las luces del local se apagaron y empezó a tocar una banda en un costado. Unas maquinas de humo se encendieron luego, una bola de boliche bajo de lo más alto del techo, luces raras iluminaban todo hasta parecía que dragones bailaban en lo alto del techo.  Mujeres hermosas entangadas hasta los dientes comenzaron a desfilar por la pasarela. Cada una llevaba un plato en la  mano y se lo entregaba a (seguramente empresarios) que estaban sentados en frente de ellas. No solo eso sino que, se sentaban en la falda de los tipos y le daban la comida en la boca, cual si fueran emperadores romanos. Puse mi atención en la banda que tocaba, no comprendía el sonido pero por la pinta que tenía los tipos y los instrumentos eran una copia de los Beatles. Scay y la negra poli los miraban fijo en primera fila. Parecía no impórtales el desfile y las comidas de los empresarios que seguramente eran los que financiaban toda la fiesta. Oi una voz a mis espaldas que me resultaba conocida, tímida, temblorosa. Borges estaba detrás de mio, sentado conversando con fogwill Una de las chicas que desfilaban se acerco a ellos y dejo un cofrecito con una bandeja de plata. Fogwill abrió el cofrecito estaba lleno de merca, la chica desenredo su trenza que estaba atada con dos pajitas. Le dio una a cada uno y se pusieron a sniffar. La banda empezó a sonar más fuerte. Los reconocí enseguida y corrí hacia ellos – Son los Beatles!!- Le grite a Skay mientras lo tironeaba del saco. Paul me giño un ojo mientras cantaba: 
All the lonely people 
Where do they all come from? 
All the lonely people 
Where do they all belong?

Claro que lo son The Beatles me dijo Omar Chaban.
Seguían saliendo mujeres de atrás del telón, algunos empresarios abrieron sus braguetas y las “modelos” le practicaban felaciones. De repente había más mujeres entangadas con platos dando vueltas por el lugar que invitados y seguían saliendo. Dragones volaban por el cielo y bajaban a tener relaciones sexuales con las chicas, empecé a sentirme incomodo busque a Eugenia Zicavo por todos lados pero no lograba hallarla. Dando vueltas me cruce a el pato Fontanet, a Enrique Synms, a el mono burgos, maxi scocco delantero de Newells también estaba. Marley y Pablito ruiz se estaban besando con los dos patovicas de la entrada. Le pregunte a Fogwill si vio a Zicavo. Fogwill no dijo nada pero en su duro rostro advertí una señal de peligro – Huya joven, dijo Borges.  El flaco Spinetta me grito – Ya es tarde, es tarde para todo!

Quise correr pero mis pies estaban amurados al suelo. Me encontré de frente en el medio del escenario. Empezaron a salir figuras femeninas detrás del telon formando dos filas: De un lado todas las mujeres que había amado en mi vida: Evelyn, Nadia, Romina, Erica, Paula, Carolina, Faustina, Marilina, Roció, Susana. Del otro lado todas las mujeres con las que había tenido relaciones sexuales solo por placer: la tana, verónica, Valeria, Claudia, Ana, Paula, barbará, Marlen, Tania y algunas otras  que no recordaba el nombre pero si sus caricias. Después salieron las que me odiaron por hacerles daño (que eran casi todas las mismas que desfilaron anteriormente)  Fueron pasando a mis costados y me murmuraban injurias incomprensibles, yo quería decirles algo (pedirles perdón, justificar mis acciones pasadas) pero no podía hablar, estaba petrificado. Pronto comprendí que las mujeres que había amado, las que había tenido sexo y las que me odiaban eran todas la misma persona. Pero no en el sentido metafórico sino en el figurado, todas eran una sola. Había miles de esa  “una sola” girando alrededor. La banda toco el acorde final de “st pepper lonely hearts club band” un La mayor y todo quedo en silencio. La luces se apagaron,  todo fue penumbras y  tinieblas que echaba la máquina de humo. Todas las “una sola” empezaron a amalgamarse se fueron fundiendo hasta que quedo un solo ser, que contenía el rasgo de todas las mujeres que habían pasado por mi vida. Con más de cincuenta voces me hablo: Todo vuelve, dijo.

Me encontré libre, podía moverme y hablar. Pero no me moví ni dije nada. No sabía que decir. El ser que contenía todo los otros seres se acerco a mí y pude verlo bien. Era de un extraño color negro azulado, como el oro de los tigres. No dijo nada y me abrazo, su piel era rustica como el cuero de las tortugas. Luego me beso la frente y dijo – Adiós – Pero no se fue.

 Se sentó frente a mí en un sillón blanco y se quedo observándome. Hubo una conexión telepática entre los dos. Sentí su pena por tenerme pena, sentí todo el dolor que le había causado, todos los engaños, las traiciones, todas la mentiras. El dolor por el orgullo, no podía deshacerme del dolor. Me sentí morir. Por mi cabeza veía como pequeñas películas todos mis desaciertos que generaron dolor en los demás, incluso vi escenas que no pertenecían a mi vida. De repente me encontré engañando a gente que nunca había conocido. Comprendí que mi mente era presa de todo el dolor del mundo. Y la carga era demasiado para mi, rompí a llorar.

 Para por favor!-  Le pedí – Basta! acaba conmigo de una vez. Me sente y espere morir, pero eso no paso El dolor ceso,  entonces el ser se abrió de piernas y  su concha mágica empezó a devorarse todo lo conocido. Su vagina empezó a consumir la realidad como un agujero negro se chupa la luz de las estrellas. Las sillas, el bajo-violin zurdo de Paul Mc cartney, La negra poli, todo fue entrometiéndose en esa vagina cósmica. Yo no pude escapar, ni siquiera lo intente, pegue un salto y me sumergí en el abismo de esa concha existencial. No me sumergí con temor, lo hice con esperanza, con curiosidad ¿qué demonios me esperaría del otro lado?

La concha era una metáfora de la Muerte, al cruzar el umbral caí en espiral por largo tiempo o tal vez fue un instante que me pareció eterno. Caí, caí y caí. Del otro lado de la concha no había nada. Solo oscuridad, silencio y ausencia.

Cuando abrí mis ojos o mejor dicho cuando volví en mí, me encontraba en Grand Burg sentado en un escritorio con una taza de café en la mano y una birome en la otra. Longo me miraba fijamente esperando una respuesta.

-          No prestaste atención ni a una palabra de lo que dije, no?
-          Disculpe Norberto, mi mente se dispersó - conteste





Dedicado a la memoria de Norberto Jorge Longo, abogado y amigo. QEPD